La primera vez que llegué a Osaka me pusieron una multa. Ingenuo, insensible o por falta de conocimiento, no sabía que era prohibido fumar en la calle, a menos que te encuentres en las zonas habilitadas para el cigarrillo. ¿Bienvenido al Japón?
Claro, no me arrepentí a pesar de haber pagado los 5,500 Yenes, unos 35 Euros al cambio, pues me encontraba en un país basado en el estricto cumplimiento de las leyes, de una idiosincracia única y una impresionante arquitectura que nos deja pasmados. Y Osaka no es la excepción.
Esta ciudad es la tercera de importancia en Japón, tiene una población de 3 millones de habitantes y se encuentra ubicada en la isla de Honshu, al lado de la desembocadura del río Yodo en la bahía de Osaka. Debes saber que es uno de los puertos industriales más importantes del país del Sol Naciente y con una historia milenaria de fundación.
La ciudad de Osaka fue originalmente nombrada como Naniwa y aparece en documentos históricos japoneses hasta que el Emperador Kotoku, en el año 652 de nuestra Era, hizo del área su capital, y la nombró Naniwa-no-miya (Palacio de Naniwa). Ya en el medioevo, durante el comienzo de la Era Menji ( Siglo XIV) el gobierno renombró la ciudad como Osaka, nombre que conserva en la actualidad hasta convertirse en un polo de desarrolo económico su desarrollo y político de la región.
Desde que llegas al Aeropuerto Internacional de Kansai, es ya sorprendente y nos muestra el grado de tecnología de los japoneses. Este centro terminal aéreo está construído sobre una isla artificial en la bahía de Osaka y conectado por servicios de omnibuses y trenes hacia el centro de la ciudad, así como a los suburbios más importantes.
Subes al Metro de Osaka, donde 900 millones de personas lo utilizan cada año, y llegas al downtown, donde tendrás que elevar la mirada para observar impresionantes edificios con luces de neón multicolores, así como la de grandes tiendas comerciales mientras observas el raudo paso de transúntes que, como hormigas, caminan por sus calles y plazas, en orden y con disciplina.
Pero esta vertiginosa y cosmopolita ciudad no ha perdido su encanto en lo más mínimo. Osaka es el típico ejemplo de equilibrio japonés, que combina la cultura milenaria y su moderna arquitetura, con los avances de la tecnología de punta. De esta forma, para el visitante puede resultar tan exótico visitar un templo ancestral como un espectacular y modernísimo hospital.
La principal pieza arquitectónica en Osaka es precisamente el Castillo de Osaka, construído en 1580 sobre las ruinas de un templo fortificado, luego de que tras cuatro años de sitio, el guerrero Oda Nobunaga lograra vencer a una secta budista que residía en el templo, a mediados del siglo XVI.
Osaka también es famoso por sus teatros de marioneta tradicionales, como el kabuki; una forma moderna de teatro cómico. Y si de gastronomía se trata, Osaka te abre un abanico de platos exóticos y desconocidos para el turista de occidente, basada en su elegancia y sencillez y caracterizada por sus sabores naturales y por su empeño en utilizar productos frescos, que es lo que se denomina “kisetsukan”, con pescados, carnes, verduras y salsas.
En Osaka el respeto a la gente es inmenso; se deben seguir sus normas de comportamiento las que deben cuidarse muy celosamente por el turista, pues este valor es básico en todo el Japón. Y lo supe cuando intenté darle un abrazo al taxista por ser buen anfitrión. Extrañado y con tono irónico trató de explicar en un incipiente español que intentar abrazar o dar besos, no es aceptado en Japón. Con dar la mano es suficiente. Felizmente no hay papeletas de multa por esto.
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